El secreto de Mika · ocho de ocho
La batalla del Delta
Mika no guardaba un tesoro: guardaba una batalla. Hace más de tres mil años, un faraón mandó tallarla en piedra para que nadie la olvidara. Es tuya: descárgala, imprímela y cuélgala donde se vea.
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Hacia el año 1177 antes de Cristo, el Mediterráneo se estaba desmoronando. Reinos que habían durado siglos —los hititas, la ciudad de Ugarit, los palacios de Micenas— caían uno tras otro. En medio del derrumbe aparecieron por mar unos guerreros que los egipcios no sabían bien cómo nombrar. Los llamaron, simplemente, los pueblos «de las islas en medio del mar». Hoy los conocemos como los Pueblos del Mar: peleset, tjeker, shekelesh, denyen y weshesh, entre otros. Venían con sus familias, sus barcos y sus armas, buscando tierra donde quedarse.
Egipto era el siguiente. En el octavo año de su reinado, el faraón Ramsés III los esperó en las bocas del Nilo, en el Delta. No salió a mar abierto: los dejó entrar a los canales, donde sus barcos ya no podían maniobrar, y desde la orilla los recibió con nubes de flechas. Sus naves los alcanzaron con garfios, los volcaron y los empujaron contra la tierra.
Así lo cuenta la lámina. A la derecha, el faraón —enorme, como siempre se dibujaba al rey— dispara su arco desde la orilla. A la izquierda, los barcos enemigos se enredan en la batalla: fíjate en las proas con cabeza de ave y en los cascos con cuernos o con penacho de plumas. Abajo, en fila, caminan los prisioneros.
Ramsés III mandó tallar esta escena en los muros de su templo de Medinet Habu, en Tebas, la actual Lúxor. Es considerada la representación más antigua y detallada de una batalla naval que conocemos. Egipto resistió; pocos reinos de su tiempo pudieron decir lo mismo.
Un dato para presumir: muchos la atribuyen a Ramsés II, que sí peleó contra los sherden, otro de esos pueblos navegantes, décadas antes. Pero esta victoria, y este relieve, son de Ramsés III.
Mika ya la vio. Dice que los barcos le parecen excelentes para dormir.
